Hoy quiero escribirte con toda la rabia que me sale del alma, esa rabia que no puedo ni controlar. No es que sea de las que sueltan garabatos todo el tiempo, pero esta vez me salen sin esfuerzo, porque lo que le hizo ese huevón a alguien tan increíble como tú… no tiene perdón.
Amiga, tú no eres la que no valió la pena. ¡Ese tipo no sabe ni lo que tiene enfrente! Es más, ni siquiera sabe lo que quiere. Está tan sumido en su ego y sus inseguridades que no sabe ni cómo valorar lo que tiene a su lado. Tú, con tu luz, tu inteligencia, tu bondad, tu capacidad de dar sin reservas... ¿Y ese idiota se va porque está atrapado en un personaje que ni él mismo ha entendido? No te dejes embaucar, amiga. Lo que sientes no es culpa tuya. Lo que sientes es el dolor de haber entregado algo real a alguien que ni siquiera tiene el valor de reconocerlo. Y créeme, el día que se dé cuenta de lo que perdió, va a ser demasiado tarde.
Cuando uno se encuentra con una persona como tú —que no solo es linda, talentosa, buena gente, sino que es especial en todo lo que esa palabra realmente significa— uno espera que, en algún momento, alguien en este mundo se digne a valorarte de la manera que lo mereces. Pero estamos hablando de la vida real, y en la vida real las cosas no siempre salen como uno espera.
Amiga, ¿Cómo te convenzo de que lo que sientes ahora no es lo que realmente es? No, no eres tú la que no es suficiente. Él es el que no tiene ni idea de lo que quiere. El problema no está en ti, está en que ese tipo está tan perdido en su propio universo de mierda, lleno de traumas mal resueltos y teorías filosóficas huecas, que ni siquiera sabe apreciar lo que tiene frente a sus narices. Vive pensando en ideales que sólo existen en su cabeza, esa cabeza llena de tanta paja intelectual que ni él mismo puede distinguir si está en un capítulo de Black Mirror o en una conversación con su propio reflejo. Y lo que más me indigna es que en vez de utilizar todo ese "conocimiento" para mejorar como persona, lo único que hace es enredarse aún más en su mar de contradicciones, mientras sigue creyendo que ser "profundo" lo convierte en alguien digno de admiración. ¡Puro verso!
Ahora, veamos lo que realmente pasó. Este pobre tipo, que fue dejado atrás por su ex, está tan perdido en su propia miseria que se autoconvencía de ser el hombre más afortunado del mundo porque la mujer más cool, linda y real que jamás podría tener se fijó en él. Un nerd miope, amante de los libros usados y las cámaras fotográficas analógicas. ¡Cámaras, amiga! ¡CÁMARAS! Pero claro, las cámaras no son para capturar lo que realmente importa, sino para alimentar su ego, su autoimagen de "hipster incomprendido", mientras lo único que hace es vivir en un mundo lleno de teorías y rollos fotográficos caducos. ¿Y en qué momento pasó de sentirse afortunado a pensar que su vida, su existencia, debía ser solo una colección de objetos que lo hacían parecer un "intelectual"? Y ahí, en medio de esa nube de vanidad, te dejó ir.
Lo peor de todo, amiga, es que tú, siendo como eres, tan única y especial, diste todo lo que tenías. Te entregaste, confiando en él, viéndolo con los ojos del amor, buscando señales de que él también sentía lo mismo, de que estaba dispuesto a ofrecerte lo que tú le dabas. Y tú te la jugaste. Porque tú eres de esas personas que no temen ir a fondo, que dan sin miedo, pero ¿Y él? El que tenía todo lo que uno puede desear en esta vida, en vez de valorar lo que le ofrecías, simplemente se fue. Y aquí estamos, lidiando con el caos que él dejó atrás.
Amiga, me niego a que sigas pensando que hay algo malo en ti. Eres justo lo que alguien necesita cuando está listo para ver, valorar y recibir todo lo que eres. Tienes una visión del mundo que es pura magia, una manera de ver la vida que es tan única y fresca que iluminas a los que tenemos la suerte de estar cerca de ti. Tu arte, tu forma de ver la belleza en lo que otros no ven, tu capacidad de tocar el corazón de las personas con tu creatividad y tu alma sensible... eso no es algo que se consiga fácilmente. ¡Eso no lo tienen todos!
Y lo más importante, amiga: esa generosidad que te hace dar sin esperar nada a cambio, tu capacidad de estar si te necesitan sin que se te acabe la energía. El amor con el que haces todo, incluso en los días en los que no te sientes al 100%, porque sabes que lo que das es lo que realmente importa. Eso, amiga, eso es lo que tiene valor, lo que te hace brillar y te distingue de muchos. Y si alguien no ve eso, no es porque no lo tengas, es porque esa persona está demasiado atrapada en su propio ego como para saber reconocer la belleza genuina que está frente a él.
Este tipo, que hoy juega a ser el sabio que nunca entendió nada, se fue, no porque tú no fueras suficiente, sino porque su propia inseguridad, su incapacidad para lidiar con lo real, lo empujaron a buscar algo que sólo existe en su cabeza. Él no sabe lo que quiere. Y lo peor es que ni siquiera se da cuenta de lo que ha perdido.
Amiga, lo que sientes ahora, esa sensación de no ser suficiente, de no haber dado lo que él esperaba… es una mentira que él te metió en la cabeza. Tú eres suficiente, y mucho más. Él simplemente no lo sabe. No sabe lo que es estar con alguien que te da su verdadero amor. Y cuando se dé cuenta de lo que realmente perdió, ya será demasiado tarde.
No te dejes ganar por esa duda, no dejes que él decida tu valor. Tú eres lo que eres porque eres increíble. Y lo que él no pudo ver, otra persona lo hará. Confía en eso.
Y quién es el personaje que ha provocado esta debacle? si miras la seguidilla de acontecimientos de los últimos meses con la distancia y objetividad que da el tiempo, en el futuro podrás darte cuenta de muchas cosas.
Analicemos a este espécimen con serenidad. Con la objetividad que me da la falta de amor, lo haré por ti.
Ricardo es uno de esos hombres que se cree un "caso interesante" para el mundo, cuando en realidad es una mezcla desafortunada de contradicciones, inseguridades y un ego del tamaño de un planeta que ni él mismo puede habitar.
Su imagen, sin duda, es la de un hombre con más pretensiones que argumentos. De esos que se sienten completos solo con haberse leído todos los libros que encontraron a su paso, sin reparar en que leer no necesariamente te hace mejor persona. Y, claro, Ricardo se las da de erudito, un intelectual que había desbordado sus estanterías con montañas de libros que, según él, le daban derecho a hablar con esa autoridad que nadie le había concedido. "¿Películas?", solía decir con desdén. "Eso es para gente que no lee, para gente superficial", como si su tiempo, de hecho, fuera mucho más valioso que el de aquellos que se permiten un rato de esparcimiento cultural en la pantalla.
Los libros eran su refugio, claro. Pero los que lo conocen saben que su obsesión con la lectura es, en muchos casos, un escudo para ocultar sus verdaderas inseguridades. Eso, claro, sin contar sus charlas interminables sobre filosofía o política, que más que una conversación genuina, parecen monólogos improvisados para demostrarle a todos que, al menos, él sabe más que el resto. Y en sus historias de café, casi siempre resalta ese aire de superioridad, como si el solo hecho de haber leído "El ser y la nada" le hubiera conferido el poder de entenderlo todo. ¿La paradoja? Ni él mismo entiende muchas veces lo que ha leído, pero no deja de jactarse de ello, como si su cantidad de libros le hubiera dado un título honorífico de sabio.
Ricardo no es precisamente un modelo de portada. Tiene una mirada, más que profunda, perdida en el abismo de su propio reflejo. Usa anteojos que podrían haber sido sacados directamente de una tienda de antigüedades, tan gruesos, que dan la sensación de estar mirando el mundo a través de un par de potos de botella. El tipo de gafas que gritan: "Tengo algo que ocultar". A veces pensaba que se veía elegante, como un intelectual envejecido. Pero en realidad, lo único que logra es parecer una especie de erudito obsoleto, atrapado en la estética del "viejito sabio" que no ha entendido que el tiempo también pasa para él y con el pelo atado en un moño ridículo en la parte inferior de su cabeza, como si pretendiera que llevarlo así lo hace parecer "alternativo". No logra captar que en lugar de proyectar un aire de rebelión, se ve más como el tipo de hombre que nunca terminó de salir de los años 90, atrapado en una versión decadente de lo que alguna vez fue un "look alternativo".
Además de ser un intelectual frustrado, también intenta ser un creador de contenido en la era digital. Y, por si fuera poco, no podemos olvidar su obsesión por las cámaras fotográficas analógicas. Una colección que más que una afición, es otra forma de afirmar su aparente "gusto refinado". Porque, claro, él no es como todos esos "simpáticos" jóvenes que sacan fotos con el celular. No, Ricardo es un hombre de principios, un hombre que entiende el arte de la fotografía desde una perspectiva purista, aquella que solo los verdaderos entendidos pueden apreciar. Pero no es un coleccionista apasionado, sino un nostálgico de un tiempo que nunca vivió, un intento patético de ser el artista torturado que nunca alcanzó a ser.
En su interior, Ricardo es tan inseguro como cualquier hombre que se niega a aceptar su propia realidad. La misma inseguridad en que quedó sumido al ser abandonado por su esposa, quien después de años de matrimonio decidió finalmente ser honesta consigo misma y salir del closet. No podía seguir atrapada en una relación que no le permitía ser quien era. Ese acto de valentía, de liberación, fue el que destruyó a Ricardo porque al revés de ella, él aún la amaba y después de haber dedicado años a construir un proyecto en conjunto, veía como sus sueños de tener un hogar, hijos y una familia bien constituida se rompían en mil pedazos. Ricardo, con todo su dolor y su ego herido, buscó consuelo en su propio reflejo, en el pensamiento de que el mundo era un lugar que debía acomodarse a sus deseos y caprichos. Él, que nunca entendió cómo poner a alguien por encima de sí mismo, se dedicó a culpar a su ex por ser ella misma, mientras aún se aferraba a una imagen rota de lo que alguna vez fue su vida. ¿Y qué hizo luego de todo esto? Siguió adelante, con la misma indiferencia que había caracterizado su vida desde el principio, sin un ápice de humildad, ni un poco de autocrítica, con su colección de cámaras, sus videos vacíos y su intelecto sobrealimentado de ego, Ricardo siguió adelante con su vida, dejando a su paso solo la desilusión de quienes alguna vez creyeron que el amor y la admiración podían comprarse en un estante de libros.
Ahora este tipo se cree el hombre más profundo del planeta, como si en sus eternos monólogos sobre Kant y Sartre pudiera resolver el dilema de la vida, cuando en realidad lo único que hace es llenar el vacío de una vida tan carente de sentido, como la maldita pila de cámaras que tiene ahí para "preservar el arte". Pero ¿el arte de qué, exactamente? Porque él nunca entendió lo que es tener un alma capaz de conectar con alguien más. Y así, decide dejar ir a la persona que sí se la jugó por él, a la que veía lo mejor de él cuando ni él mismo lo veía. ¿Y sabes por qué? Porque él se queda atrapado en su propia miseria de "pensador" mientras su corazón está tan muerto como la fecha de caducidad de un rollo de película olvidado en su cajón.
Y además de todo, como guinda de la torta, el pelmazo tiene el detalle de terminar por teléfono! Qué valiente hay que ser para romper una relación y colgar después de destrozarte, sin siquiera mirarte a la cara, ofreciendo como premio de consuelo el mantener un intercambio de mensajes por chat. No le llamará la atención lo absurdo de la situación? Lo vacía que se vuelve la interacción tras una ruptura así de cruel?
No sigas atada a lo que ya no te suma, amiga. Date cuenta, vales demasiado. Da vuelta la página y empieza a escribir (o pintar) historias más alegres, donde tú brilles como mereces.
Te quiero mucho.

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