viernes, 16 de diciembre de 2022

Desolación

 Otro año que se va. Quedan 2 semanas apenas para que se vaya este 2022 y aquí estoy, con mascarilla aún, pero menos que hace unos meses. 

Quisiera ser optimista y hacer un post alegre, que tengo pendiente, porque ha habido mucha música estos últimos meses y la música siempre me ha motivado mucho, pero hoy no me siento bien. Tengo un nudo en la guata y como no es momento de llorar, trato de no pensar demasiado para que no se me salgan las lágrimas. Soy de lágrima más fácil desde hace unos años, pero aparte hoy es un día malo. A mí me influye mucho la otra gente, los que me rodean y obviamente mi familia y mis amigos. Es como demasiado obvio todo esto que digo, pero no puedo dejar de decirlo. 

Me siento tan fracasada justo ahora. En el plano emocional más que nada. Sentir que no he logrado que mi gente cercana, me valore como yo espero es frustrante y acá me viene a la mente lo que me han repetido en el último tiempo algunas personas: que yo espero mucho de la gente. Es que espero lo mismo que doy no más, pero todos no están dispuestos a dar tanto. Siento que me he esforzado y he entregado mucho en algunos casos y me han defraudado, me siento herida, utilizada y subestimada. Repito, hoy es un día malo, así que el panorama puede que se vea peor desde el prisma de este jueves desolado con sol, como pocos días con sol tristes. A lo mejor le estoy poniendo mucho, pensará mi yo optimista del futuro. Sé que esto pasará y me sentiré mejor, pero no puedo evitar hoy sentirme desesperanzada, frágil, sin alegría. Hasta me da lata respirar hondo. 

Será verdad que si recibo un abrazo de más de 8 segundos ahora me sentiría mejor? Según la Dra Marian Rojas, un abrazo de esa duración hace que se libere oxitocina, hormona que baja el cortisol, que está muy aumentado en situaciones de stress. No sé si un abrazo ahora me serviría. Tampoco el abrazo de cualquiera. Tendría que ser de alguien que quiera mucho y que me haga sentir entendida. Una palabra. Dos. Será poco? Mucho?

Siempre la torta lleva guindas. Las que imagino yo. La guinda de ahora tiene que ver con pega. Después de años trabajando en el mismo lugar, me entero que no me han reconocido los primeros años y tengo que llevar unos documentos para avalar que empecé antes. Me parece insólito que ahora me digan que yo debía saber esto. Obvio que no es obvio para mí. Ahora me entero que esto se ha traducido en menos plata y no sé si me lo reconocieran ahora, me pagarán todo lo que me deben... 

Hoy ya no es jueves, me siento un poco mejor, pero no absolutamente bien. Confío en que el fin de semana sea como una crema de manos de castaña para mi alicaído sistema límbico.


lunes, 29 de agosto de 2022

Cuchara gate

 

Yo juzgo a la gente por la cantidad de cucharas que saca...

Contexto: almuerzo en el casino, sólo hay cucharas de sopa, pero el almuerzo suele incluir sopa y postre, por lo que se necesita cuchara para comer ambos. Yo saco una y me como ambos con la misma cuchara, pero hay personas que sacan 2,  una para cada cosa. 

No puedo evitar juzgar mal a estos últimos... y eso no me hace sentir bien conmigo misma.

martes, 23 de agosto de 2022

Vetusta

 

 

Otro año más, ahora los cuento desde que empezó la pandemia. Ya 2 años más vieja desde el 2020. Caló fuerte ese tremendo terremoto que ha significado el covid19. Es como si en esos 2 años hubiera envejecido 10 años... o por lo menos 5, pero en todo caso mucho más que 2 y no sólo eso, sino que siento que ahora sí no hay vuelta atrás, ya va quedando menos tiempo para hacer ciertas cosas, ya no se puede planificar proyectos para el futuro. El futuro es ahora y si no se hace ahora, no se hará nunca y se siente tan lapidario. Es una sensación de ya tener 80 y que la muerte está a la vuelta de la esquina. 

Y pensar que mi papá tuvo un hijo con más edad que yo ahora. No puedo imaginarme cómo se sentiría tener un hijo casi nieto.  Es impensable para mí. Y bueno, el tiempo pasó rápido y él no disfrutó tanto esa paternidad... o tal vez sí, nunca se lo pregunté.

Yo desde hace años ya que ando transmitiendo con la vejez, que me siento vieja, que no me importa, que hay que quitarle el estigma a la vejeztud, que no pretendo esconder canas, ni arrugas, que lo que más me molesta de cumplir años es ir perdiendo agudeza visual, pero de pronto me estoy empezando a sentir mucho más vieja que antes, de golpe y también de golpe llegaron amigos mucho más jóvenes que me recuerdan mucho más a diario que no tengo la edad de ellos. En realidad desde hace mucho que mis amistades más cercanas, con las que más contacto tengo, son personas mucho más chicas y eso me ha sorprendido a mí misma a veces, porque saco la cuenta y algunos de mis amigos aún no aprendían a leer cuando yo ya tenía un título universitario y no sé si eso es porque yo no estoy tan madura psicológicamente o porque estos amigos son más maduros para su edad. Sea como sea, siento que congenio más con gente a la que le llevo décadas en este mundo, en gustos, intereses y pensamientos. Mucho más que con personas de mi generación en general, que a veces me hacen sentir rara, diferente a ellos.

Y de todas maneras, el hecho objetivo es que estoy vieja y cada año que pasa estaré más vieja, no van a mejorar mis sentidos, mis capacidades, aún cuando sí creo que uno nunca deja de aprender, no hablemos de retener... la retención es crítica y lo que decía que es lo que más siento es que la vista ya nunca será lo que era y no sé por qué aún no puedo acostumbrarme a depender de los lentes.

Otra cosa que se va perdiendo es la capacidad de asombro y eso duele. Son bonitas las sensaciones de las primeras veces de algo en general. Así que tal vez sea algo positivo lo de perder un poco la habilidad de retener, así mejora un poco esa capacidad de asombrarse otra vez. 

Quisiera que el tiempo no siguiera pasando cada vez más rápido. Una vez alguien me dijo que el tiempo estaba pasando más rápido que antes objetivamente y no era sólo una percepción propia de tener más años. Esa persona murió hace un tiempo y no sé cómo habrán sido esos últimos años de vida. Ojalá haya podido disfrutarlos al máximo porque se fue de forma demasiado prematura. Igual que Zalo Reyes que murió ayer. El gorrión de Conchalí sólo tenía 69 años y cuando se hizo más conocido apenas tenía 30 y yo lo recuerdo. Era un tipo chispeante, lleno de vida, nadie hubiera pensado que se iba a ir apagando como terminó haciéndolo.

Esto está quedando demasiado bajoneante... no era mi idea inicial, no quiero deprimirme yo, ni deprimir a nadie. Sólo estaba constatando un hecho y en todo caso justo cuando estaba en medio de mis cavilaciones, apareció en youtube el video de una mujer uruguaya que con 79 vendió su casa y se compró una motorhome para salir de viaje y ya tiene 83 y sigue viajando. Tal vez no sea tan mala idea. Valiente la viejita de todas maneras, pero si ella puede, por qué yo en mi vejez no pueda? Así que hay que ver las cosas de forma más optimista, la vida no necesariamente se acaba por ir cumpliendo cada vez más años.

jueves, 23 de junio de 2022

Oda a Junio

Junio comenzó bien, con viaje flash al norte. Nunca había llegado tan arriba en el mapa, o sea... tan arriba en el mapa de Chile, porque sí había llegado más arriba en el globo terráqueo algunas veces. 

El norte es árido, color tierra, nada de verde. Qué parte de desierto más árido del mundo no me había quedado clara? Ahora que hago memoria, mentí en el párrafo de entrada. Yo había estado más al norte, en Calama y en San Pedro... están levemente más al norte, pero Antofagasta es la capital de la región de Antofagasta, conocida como segunda región antiguamente y yo no había pisado el suelo de la llamada Perla del Norte, ni había visto su famosa Portada.

Impresiona lo extenso de su costa, llegando al aeropuerto en su extremo norte, uno llega a la costanera y se visualiza la ciudad construída entre el mar y los cerros de la Cordillera de la Costa a lo largo de decenas de kilómetros, la verdad no sé cuántos, pero muchos. 

Ya el puro viaje fue un regalo. Tener unos días de clima menos frío, más solcito y poder caminar a la orilla de la playa, con las olas rompiendo sobre las rocas, en sí ya es salir de la rutina y un relax para el cuerpo y el alma. Aparte está la aventura de visitar una ciudad por primera vez, recorrer sus calles, respirar otro aire. Y otro regalo es ver a un querido amigo, conocer su casa y estar con su familia, pero sin duda lo más extraordinario es tener la posibilidad de experimentar la gratitud en un grado sublime. 

Cuando sientes que puedes perder algo que sí, sabías que era importante, pero no habías llegado a cuantificar hasta hace un par de años cuando te dieron un pronóstico aciago, qué haces? Buscar todas las alternativas posibles para cambiar el rumbo de ese destino funesto que te vaticinaron. Así llegué a las manos de mi amigo, que me tendió no sólo la mano, sino que me tomó en brazos y me llevó por la alfombra roja hacia la otra vereda, donde los paradigmas que aprendimos se habían roto. 

Y ya está, se siente bonito la contención, porque no te das cuenta que estabas sola en esto hasta que alguien se hace cargo y arregla el entuerto y con una seguridad y un aplomo que te hacen sentir tan confiada y tranquila aunque el aire acondicionado, la super aspiración, la brisa nortina otoñal te dan un poco de frío, se siente la calidez de las palabras de apoyo y ánimo y dentro de lo agresivo, fuerte y cruento que puede ser, es tan limpio, tan preciso y cuidadoso que se siente impecable, como los diarios dicen cada año que es la Parada Militar, pero en realidad más. Se siente que lo que es importante para ti no es una nimiedad y se siente que alguien está haciendo algo por ti de forma tan amorosa que no hay forma de expresar la inmensa gratitud que provoca. 

La gratitud tiene 2 aristas, por una parte se siente felicidad por recibir un bien y por otro se siente impotencia. Impotencia por no lograr que el otro entienda cómo te sientes y darte cuenta que nunca podrás retribuir de la misma forma la ayuda que te han prestado.

Será que no estoy acostumbrada a sentir gratitud, que cuando recibo estas muestras de cariño me golpean fuerte? Suelo pensar que los regalos que recibimos en esta vida siempre suponen un precio a pagar y espero que el precio ya lo haya pagado y no lo esté debiendo, porque este mes ha estado lleno de detalles hermosos y uno se acostumbra a sentirse regaloneada, como con el regalo artístico que me hizo otro amigo nortino, en esta ocasión también.

Qué alta la vara que han dejado mis amigos del norte, aunque mis amigos del sure tampoco lo han hecho mal. De hecho la compañía y el apañe en este tiempo pandémico ha sido vital para soportar los avatares de los últimos 2 años. También estoy profundamente agradecida de esos detalles y el cariño de mis personas especiales que están acá. Este mes ha estado lleno de cositas bonitas, de sol de invierno, de avistamientos de mar, de lago, volcanes y luna, de quesito rico, de autoayuda, de caminar y de amistad.

Quisiera que Junio no se acabara, aunque tenga la temperatura más baja que ha registrado mi app de clima, aunque el sol no caliente y se oscurezca antes que llegue de la pega, pero tiene 2 feriados, uno de ellos se pudo hacer sandwich, qué mejor?  Lindo Junio de 2022, me has hecho feliz. 






domingo, 22 de mayo de 2022

Sentirse ignorada


Hay algo peor que no sentirse querido/a?  Hay algo, no sé si peor o igual, pero malo de todos modos: sentirse ignorada/o. 

Le hablas a alguien y te das cuenta que contesta automáticamente, pensando en otra cosa. Le envías un mensaje a una persona y esta lo lee, pero no acusa recibo, ni te contesta, lo que en estos tiempos de whatsapp se conoce como "dejar en visto". Le pides algo al dependiente de una tienda y pasa de ti y atiende a otro cliente, aunque tú estabas esperando de antes.  Le haces señas al conductor de la calle principal para que te deje pasar en una calle sin semáforo y no se da por aludido y tienes que seguir esperando. 

Tantas oportunidades que tienes en la vida para que otros te demuestren que sí existes y les importas desaprovechadas. Tantas veces que eso te hizo sentir desubicada, fuera de lugar, cargante o hasta patuda o que en verdad eres invisible. Quisieras levantar la voz, pero eso sería realmente más desubicado. 

Y qué haces? Planeas devolverle la mano con la misma actitud al que te lo ha hecho, pero esa oportunidad no llega porque tú no eres así, tú eres de las personas que intenta no ignorar a nadie y si no quiere hablar, al menos lo explicita. Tratas de ser justo/ a con todas y todos y porque prefieres llevar la fiesta en paz porque para qué aguar la fiesta con una actitud de ofuscamiento? Temes también que te traten de infantil y de enrollada/o porque sobreanalizas todo. Entonces lo dejas pasar y tratas de olvidarte hasta la próxima vez que ocurre de nuevo y ya puedes contar todas las veces. No será mejor evitar a esas personas? Pero cómo saber cuándo reaccionarán así? Tantas veces te han pillado desprevenida. Tantas veces han sido normales como tantas no, que ya no sabes si puedes contar con esas personas.

En realidad, mejor contar siempre sólo con uno/a mismo/a. 

lunes, 9 de mayo de 2022

Reflexiones varias

 


Ya pasaron más 2 años desde que empezó la pandemia y todavía no se va del todo, pero ya no se nota tanto, salvo porque aún hay personas, en Chile por lo menos, que siguen (seguimos) usando mascarilla, en todos lados. Sin embargo hay personas a las que poco les importa todo el sufrimiento de la humanidad, literal humanidad. Se acuerdan de aquellos momentos en que nos decían #quedateencasa y  era una recomendación vigente en todo el mundo? Pocas veces la humanidad ha estado tan conectada viviendo lo mismo en todo el orbe. Yo no recuerdo otra por lo menos. Y era casi un consuelo que aunque nosotros no podíamos salir, nadie podía hacerlo en ninguna parte del mundo. 

Ayer no más me acordaba que hace un año aún teníamos cuarentena de fin de semana y en una escapada, "a la mala", pude maravillarme con los Amanita Muscaria a la orilla de un camino rural. Puede parecer algo insignificante, pero para mí fue un destello de luz en medio de esa oscuridad pandémica.

Este año ha vuelto un poco más de normalidad, pero estos dos años pucha que han dejado huella en mí y eso que no he tenido covid... madera, madera, dónde hay?

Ya, la huella es interna, na que ver con la huella externa, esa huella digital que de tanto ser leída se está borrando jaja. Siento como si en estos 2 años hubiera envejecido como 10 años o soy cada vez más conciente de lo rápido que pasa el tiempo y se me acaba la posibilidad de hacer más cosas. 

A veces quisiera dejar de trabajar para poder tener todo ese tiempo disponible para hacer las cosas que quisiera y nunca alcanzo como dibujar más, ver todas las películas y series que tengo pendientes, leer todos los libros que tengo apilados en los estantes, tejer todas las lanas que tengo guardadas, viajar a todos los lugares que quiero conocer antes de morir y clasificar todas mis fotos y videos acumulados en tarjetas de memoria de cámaras y celulares. 

También quisiera escribir más, cada cosa que pienso, cada cosa que se me ocurre y olvido, escribir mensajes para mis familiares, para mis amigos... escribir acerca de cómo me siento, cómo se modifica mi arsenal de sentimientos, como van llegando y saliendo personas de mi catálogo de gente importante. Y quisiera escribir bonito y especial de forma gráfica y para que se lea bonito y especial o divertido, que dieran ganas de leer...

Y aprender a resumir más aún de lo que ya intento resumir, así que esto está quedando muy largo y mejor lo cortaré AQUÍ.

jueves, 27 de enero de 2022

Rincones que hablan

Hace harto que no venía a mi rincón amigo del condominio. Pusieron un columpio llamador de chiquillos gritones. Estoy echando de menos el período de confinamiento en que las puestas de sol eran mi gran alegría en estos metros cuadrados de tierra rodeados de esa reja matapasiones. Ahora que salí temprano del trabajo pude venir a tomar solcito y reflexionar sobre estos 2 años 🤔

La tarde estaba tan bonita. La luz del sol y la brisa agradable me trajeron recuerdos de cuando aún no había pandemia y no teníamos idea de lo que se venía. El último verano y las últimas vacaciones. Ideas, proyectos, todo truncado... tanta incertidumbre, pero en medio de todo,  la belleza del paisaje soleado de nuestro sur a comienzos del otoño con tan poca gente en la calle... qué cosa hermosa jaja. Me acuerdo que fuimos a Frutillar un día con mi hijo y no andaba nadie caminando en la calle y el paisaje lindo era sólo para nosotros. Eso no se da jamás. Seguimos en pandemia, pero los lugares ya no están desiertos. Y ahora no tengo tiempo para ir al rincón de mi condominio. Pasé hartas horas ahí, si cuento todas las veces que me fui con mi cojín y hasta con una merienda y con mi hija a mirar la caleta, observar los pájaros, el avance del sol, las nubes moverse. La reja no era obstáculo para ver más allá el horizonte y en medio de la incertidumbre, tener la certeza de que ese momento era único y hermoso dentro de todo y en verdad lo era. 

Alguna vez estuve ahí escuchando audios de whatspp de mis amigos y grabé otros eternos cuando aún no había 2x jaja (esa es una talla para mi amigo impaciente que no puede escuchar audios largos a velocidad normal)  

Otras veces me fui ahí a escuchar música. Hubo soundtrack para aquellos movimientos de las hojas de los árboles, de las nubes tapando los rayos de sol o una tajadita de luna apenas visible. Escuché podcast de entrevistas y copuchas y hasta tuve un par de video llamadas con una amiga muy lejana.

Llevo viviendo hartos años en la misma casa, pero nunca me había hecho un rincón amigo en este espacio, donde ir a mirar el paisaje hasta ahora. El 2020 fue el año que nos obligó a encontrar alternativas a lo que hacíamos antes, a buscar salidas a esa sensación de encierro y sentir que la naturaleza que nos rodea estaba ahí acompañando y ayudando a sobrellevar esa ansiedad por salir. 

Ahora que seguimos en pandemia, pero ya puedo salir y ver otros lugares, ya no visito mi rincón a diario porque de a poco ha vuelto a instalarse la rutina del trabajo que ya no me deja tiempo para ir a sentarme a divagar y soñar con lo que haría al terminar la pandemia, con susto, siempre con la mascarilla puesta, pero con esperanza de recuperar nuestra vida y lo echo de menos, fue bonito descubrirlo y estaré siempre agradecida de él.